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Breve historia sobre el Jabón

Breve historia sobre el Jabón

by Lula

Qué nos cuenta la Historia sobre el jabón

No se sabe con certeza cuándo ni dónde aparece el primer jabón, y es que existen diferentes leyendas de algunas civilizaciones, que relatan sobre los primeros indicios del jabón. Sus relatos coinciden en torno a una pasta limpiadora y desinfectante.

Parece ser que los primeros testimonios escritos sobre el jabón se remontan a la época mesopotámica. Las investigaciones históricas anuncian que hacia el año 2500 a.C. la Civilización de Sumer, el pueblo Sumerio, elaboró unas tablas con las proporciones de grasa y cenizas de madera con las que conseguían un producto limpiador. Estas son las Tablas de Lagas de los Sumerios.

De los egipcios se dice que, hacia el año 1500 a.C. también usaban un producto parecido para tratar dolencias de la piel y lavar la ropa.

Y otras fuentes tienden a afirmar que fueron los fenicios quienes, en sus aventuras comerciales por el Mediterráneo en torno al 600 a.C., difundieron el producto entre griegos y romanos y lo hicieron llegar a Europa.

Una leyenda romana describe cómo casualmente descubrieron las virtudes limpiadoras de esa pasta. Cuenta que en el Monte Sapo, donde sacrificaban a los animales, el agua de lluvia arrastraba las cenizas del volcán junto con la grasa animal hacia el río Tíber. A sus orillas, las lavanderas descubrieron cómo esta mezcla limpiaba la ropa eficientemente. Estos testimonios llegados de los romanos sobre el s. IV d.C., sostienen que la mezcla de sebo animal con cenizas, producía un agente limpiador muy efectivo. El método consistía en hervir las grasas en la ceniza caliente. Como resultado se producía un cuajo, como un jabón blando, que aprendieron a utilizar para la limpieza del cuerpo y las prendas.

Ya en el s. II d.C., el médico romano Galeno, anuncia las virtudes curativas del jabón para desinfectar heridas, tratar diversas dolencias de la piel e incluso para lavar la ropa y los utensilios. Aún no llegaban a entender qué ocurría en ese proceso, pues unas veces daba un resultado y otras, otro. Sin embargo, no desistían y seguían fabricándolo.

Con el declive del Imperio Romano en el s. V d.C., cae también la fabricación del jabón.

Sin embargo, ciertas fuentes cuentan y parecen ser las más certeras, que es quizá durante la Edad Media, cuando los árabes introducen el jabón que hoy conocemos a través de Al-Andalus. Procedente de oriente, llega a la península ibérica, desde donde se extiende a Marsella, en Francia, a Italia o a Inglaterra.

Mientras que los árabes usaban sebo o grasa animal, ya los europeos venían prefiriendo el aceite de oliva, que ofrecía mejor consistencia y olor al jabón. Pasaron entonces a utilizar también esta grasa vegetal tan virtuosa, con lo que el jabón de aceite de oliva se convirtió en un producto de lujo.

De hecho, el archifamoso Jabón de Castilla, parece ser que se fabricaba en las Reales Almonas de la calle Castilla, nº 24, en el barrio sevillano de Triana. Éstas almonas se construyeron en el siglo XVI, bajo el reinado de la Corona de Castilla, continuando la tradición andalusí.

Probablemente su situación estratégica a orillas del Guadalquivir constante su explendor. Entre el Aljarafe sevillano, de donde se abastecían de aceite de oliva, y la marisma del mismo río, que les suministraba de las cenizas vegetales de la barrilla, una planta que crece en la zona, obtenían las materias primas para elaborar un jabón de excelente calidad. Y si a esto le añadimos la hegemonía comercial desde el río hacia las Américas y el resto del mundo, el Jabón de Castilla, el jabón jabón,  se convierte en un precedente sin igual del jabón que hoy conocemos.

Cabe mencionar también sobre fuentes orientales que cuentan que las primeras fórmulas de saponificación provienen de Siria, donde se fabricaba el Jabón de Alepo. Éste es conocido también como Jabón de Laurel, cuya receta se basa en la combinación de aceite de oliva y aceite de laurel.

A finales del s. XVIII, 1791, el científico Leblanc descubre el proceso de obtención del carbonato sódico y la industria jabonera comienza a fabricar a gran escala. Este descubrimiento permitiría reducir los costes y el precio del jabón, favoreciendo un mayor alcance y uso para la población. Al mismo tiempo se reducían las enfermedades y muertes por infecciones, pues el jabón actuaba como desinfectante.

En el s. XIX, 1823, el químico francés Michel Eugène Chevreul descubre por casualidad la glicerina, que se obtiene en la fabricación del jabón. Esto le lleva a estudiar el comportamiento químico de las grasas en el proceso de saponificación. Y de aquí concluye que exponiendo las grasas en un medio alcalino se forman sales de ácidos grasos (jabón) y gliceroles (alcoholes-glicerina). Este descubrimiento, le permite determinar un mejor cálculo de las proporciones para perfeccionar la producción del jabón.

GRASA + ÁLCALI = JABÓN + GLICERINA

Desde entonces, a Chevreul se le considera el padre de la química del jabón.

Ya entrados en el siglo XX, distintos químicos como Krafft, Harkins y Langmuir o Henkel descubren una forma de elaborar el jabón de forma sintética, los detergentes artificiales, cuyas cualidades nada tienen que ver con las del jabón natural y artesano ni su tradicional uso terapéutico. Así aparecen los detergentes sintéticos, más rentables para la industria química, pero menos saludables para el consumidor. Sí, sí, a partir de los años 20 ó 30 el jabón natural fue sustituido por los detergentes de laboratorio.

En la industria cosmética, el interés económico que genera la fabricación de jabón ha llegado hasta tal punto, que lo que se suele encontrar en los mercados tienen poco de jabón natural, pues sus componentes son en su mayoría sintéticos, artificiales, en definitiva, más baratos.

Por suerte y como en todo, siempre hay alguna excepción. Aún quedan artesanos jaboneros que proveen al comercio de jabón natural, ese jabón que limpia sin dañar, que ofrece un tratamiento más suave para la piel, añadiendo incluso determinadas propiedades terapéuticas.

Además es biodegradable, los restos que desprende durante su uso no contaminan el medio ambiente.

Está claro, yo, jabón jabón, natural y artesano.

Lula

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