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¿Por qué un Jabón Natural y no uno industrial?

¿Por qué un Jabón Natural y no uno industrial?

by Lula

 

Remontándonos muy atrás en la historia del hombre, podemos saber que el uso del jabón es muy, muy antiguo.

Inicialmente, y parece ser que por casualidad, al mezclar ceniza y grasa animal se obtenía una pasta limpiadora y desinfectante. ¿El primer jabón?

Más avanzados los tiempos y viendo los beneficios que este descubrimiento aportaba, cada civilización fue adaptando sus fórmulas y las materias primas de que disponían. Así se fueron combinando las grasas animales y los aceites vegetales con distintos álcalis, como las cenizas de maderas y plantas o incluso de algas marinas, para conseguir “jabones” con propiedades determinadas.

Lo que importaba de un jabón auténtico, no eran precisamente su espuma y su aroma, sino las cualidades que reportaba. El jabón servía para limpiar, desinfectar y cicatrizar las heridas de las batallas, y más tarde se convirtió en un artículo de lujo.

¿Sabéis?, aunque hay varias versiones, una de ellas cuenta que el famoso Jabón de Castilla se hacía con unas plantas que crecen en la marisma del Guadalquivir y con el aceite de oliva del Aljarafe. Parece ser que se fabricaba desde el siglo XVI en las antiguas almonas de la calle Castilla, nº 24, en el barrio sevillano de Triana, y a través del río se distribuía a todo el mundo…

Las plantas, minerales y otros ingredientes como la leche, la cera de abejas o la miel aportaban aún cualidades extras, muy beneficiosas. De aquí que fueran formando parte, no sólo de la higiene, sino también de los tratamientos naturales.

Y así fueron evolucionando los jabones.

¿Y qué es el jabón?

Pues ni más ni menos que una reacción química natural entre un álcali y un ácido graso. Es decir, al mezclar un álcali, como puede ser la conocida sosa cáustica, con una grasa o aceite, la naturaleza se encarga de transformarlo en jabón y glicerina. A este proceso se le llama “Saponificación”, hacer jabón.

ÁLCALI  +  GRASA  =  JABÓN  +  GLICERINA

Esta glicerina ayuda a mantener la piel hidratada y protegida, es humectante.

La diferencia que hay con los jabones industriales, es que les quitan la glicerina natural para comercializarla por otro lado y obtener un mayor rendimiento económico. Lo que significa, por tanto, que este jabón reseca y no aporta esta cualidad tan necesaria para la piel como es contribuir a su  hidratación.

Con su uso habitual, tu piel queda reseca, dañada, y finalmente tienes que comprar una crema hidratante, con lo que ya te está saliendo más caro. Por un lado, por el daño que este jabón industrial está haciendo a tu piel, y por otro, por el coste adicional del segundo producto “reparador”. Por no mencionar el gasto en alguna crema farmacéutica para la variedad de dolencias que puede producir, como la dermatitis o eccemas y las manchas, entre otras.

Pero esto no es lo peor, a ello se añade la cantidad de sustancias sintéticas o artificiales que se le añaden para reequilibrar ese jabón manipulado. Sustancias, en su mayoría, derivadas del petróleo, que causan muy serias consecuencias a la salud de la piel y de todo el organismo. No olvides que la piel es el órgano más grande de tu cuerpo y tiene una función muy importante, que es proteger los órganos internos de las agresiones externas.

Más allá de la estética…

Entre estos agentes tóxicos se encuentran los parabenes, los bisfenoles, los ftalatos, el triclosan y muchos más que entra en tu organismo a través de la piel, y a su vez pasan al torrente sanguíneo. Una vez en la sangre pasan a recorrer todo el organismo pudiendo alcanzar todos nuestros órganos. Algunos de ellos, por ejemplo, funcionan como imitadores de los receptores hormonales causando disfunciones hormonales en las personas y sus consecuentes desajustes, esterilidad, malformaciones,…

Numerosos estudios científicos han demostrado cómo estos agentes, este “cóctel tóxico” que nos afecta cada día con el uso de cosméticos, comida envasada, productos de limpieza, ropa sintética y un largo etcétera de cosas que nos rodean, pueden llegar a causar alergias, dermatitis, diabetes, esterilidad o incluso cáncer.

Sin embargo, para los gobiernos y las grandes empresas prevalece su afán de ganar dinero, aún a costa de la salud de los consumidores, permitiendo el uso de sustancias tóxicas y desmintiendo, por supuesto, todos los estudios científicos que lo corroboran.

La razón de esta información que te aporta Lula no está en alarmarte, sino en informarte y despertar tu espíritu crítico. No se puede vivir en la ignorancia y debemos compartir nuestros conocimientos.

Haz tus propias reflexiones, infórmate y decide por ti mism@ cómo y con qué productos quieres cuidar tu piel.

Lula

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